"SEGUIR PARA VIVIR"
Guía
para la profesión monástica hoy
NOTAS
Los
monjes y las monjas trapenses pertenecen a la familia
monástica que sigue a Cristo según la Regla de San
Benito, documento escrito en Monte Cassino, Italia, en
el siglo VI. El sobrenombre de "Trapense" proviene de un
movimiento de reforma que empezó en el siglo XVII en un
monasterio francés, La Trappe, en Normandía. Las
comunidades que abrazan esta reforma se llaman con
frecuencia "Trapenses".
La
reforma trapense tomó su inspiración de un movimiento
más amplio de reforma que había tenido lugar dentro del
monaquismo benedictino hacía 500 años, en el siglo XII,
a partir del monasterio de Císter, cerca de Dijon,
Francia. El nombre latino de Císter es Cistercium y los
monasterios que siguen dicha reforma se llaman
"cistercienses". Impulsado por San Bernardo de Claraval,
el movimiento cisterciense se propagó rápidamente a lo
largo de Europa hasta llegar a ser, a fines del siglo
XIII, más de 500 monasterios. Hoy existen varias Ordenes
monásticas en la familia de monasterios cistercienses.
La "O.C.S.O." se refiere al nombre oficial de los
Trapenses: "Orden Cisterciense de la Estrecha
Observancia", que cuenta en la actualidad con 100 casas
de monjes y 70 de monjas. Un poco más de la mitad de
dichos monasterios están en Europa.
El mundo
actual está lejos de ser uniforme o consistente, pero
tiene una necesidad profunda de trascender lo que es
visible, una sed tanto de espiritualidad y misticismo
como de comunidad, un deseo de unión divina. En este
tipo de cultura, la búsqueda de Dios se manifiesta a
través de diversas maneras de ir más allá de uno mismo:
la prestación social, la droga, el sentido de misterio,
la oración silenciosa como parte integrante de la vida
humana. Es desde ahí donde la vida trapense se revela
como sorprendentemente significativa para el mundo
actual, gracias a su espiritualidad que acentúa la unión
de la persona humana con Dios y con los otros en el
misterio transformador de Cristo.
El Abad
General de los trapenses, el argentino Don Bernardo
Olivera, nos escribió recientemente a este respecto:
"Nuestra experiencia mística cristiana es, en
definitiva, experiencia de reforma y conformación con
Cristo. Sólo así podremos ofrecer: una orientación hasta
la salida del sol de una nueva época y un testimonio
religioso para el mundo secular contemporáneo, una
contribución indispensable para el diálogo con las otras
religiones y un servicio contemplativo para las iglesias
cristianas."
Por
debajo del interés que muchos tienen en la vida
monástica, hay algo que se puede llamar un "monje"
oculto dentro de cada persona. Se trata de la imagen de
Dios impresa en el ser humano por su Creador. Estamos
hechos por Dios y para Dios. La vida monástica responde
a esta orientación radical de nuestro ser: la necesidad
de vivir intensamente para Dios, sea individualmente o
junto a otros hermanos en comunidad.
La guía
monástica puede ayudar al hombre de hoy a vivir más
plenamente, en medio de las tensiones sociales y
personales que todos experimentamos.