Rincón Literario

 

"Sin título"

 

En mi sueño yo corría como loco,
se desarmaban mis piernas de tanto correr, y la carrera era infinita ...
o casi tan larga como la vida misma.

El mismo sueño me levó al final del camino,
al final del sendero en la jungla que me torturaba, 
a la aparente tranquilidad del claro.

En el claro se olía tu presencia, la estela de tu cuerpo ausente (por el
momento),
y el claro se hizo calle,
y los arboles se hicieron casas, la jungla misma se hizo ciudad.

De una puerta se materializó lo que antes era un
delicado perfume,
se hizo tangible tu presencia,
y en tus ojos pude entrever otros ojos que me
suplicaban un recuerdo.

Tu cuerpo,
la misma ropa que vestía tu desnudez
y la infinitud de tus cabellos disfrazaban una presencia que te antecedía.

Una presencia triste,
remota,
un recuerdo que tus ojos hacían tan real.

Me perdí en tu mirada,
quise que las luces de la ciudad me escondieran,
huí ...

volví a correr hacia los arboles distantes, crucé
ríos de colores inquietantes
y busqué el refugio cerca de otros cuerpos, 
pero tus ojos me persiguieron implacables,

primero desde lejos,
y al final me acecharon
como innumerables brujos ancestrales.

El final del camino me devolvió a la misma carrera
una y otra vez ...
a la fuga repetitiva,
a un estupido y eterno huir.

El final del camino me hizo verte una y mil veces en cada arbol,
cada casa,
cada piedra de cada muro.

El sueño me llevó circularmente 
millones de veces a encontrar tu presencia
diseminada.

Tus ojos me siguieron desde mil otros ojos.

Pero un día,
una mañana de colores fuertes con el cielo teñido de
amarillo junté coraje,
me hice de las mil armas que había recolectado 
desde la noche innumerable en la que te encontré por
vez primera 
y salí a buscar el reflejo de tus ojos en la mirada
de algun otro cuerpo.

Volvió la jungla a convertirse en ciudad,
y cada arbol en casa,
y cada piedra de cada sendero en una puerta abierta.

Volvió el cuerpo ajeno a tomar tu perfume,
volvieron tus ojos a mirarme desde una mirada ajena,
y decidí despertar en ese preciso instante,
despertar y llenar de caricias la suavidad de tu
presencia,
exorcizar el material maligno de la memoria con todo
mi amor,
colmarte con palabras y con hechos como nunca había
intentado.

Zambullirme en el agua fresca de tu presencia
fué la razón para olvidar toda otra ausencia rebelde,
ausencia que no se resigna a desaparecer.


Juan Pablo Scarafia

 

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