Rincón Literario

 

"El llorón"

 

Complicado de marearse, lleno de angustia, ocultaba que su autoestima estaba por el suelo, sumido en los mas perdidos rincones, los ocultaba, sabiendo que no tenia la valentía de hacerlos relucir, sostenía un hilo, muy fuerte, pues así pretendía hacerlo, mantenerlo, solo continuar caminando sin dar un paso, fue que después de quedarse sin trabajo, tirar a la basura diez años de un matrimonio que parecía prometedor, no obstante, no era de esos que por las noches abría su sentimientos dejándolos salir como cascadas por sus ojos, no era de esa clase, tenia una personalidad incorruptible, de pensamientos francos, firmes incorregibles, para el yacían dentro de la sensatez, pues para los demás..., a el no le importaba.
Era otoño en la ciudad, las hojas tristes muriendo flotaban por el pasar del viento, una ventisca no muy fuerte lo fue acompañando, al tiempo que se dirigía en busca de un nuevo trabajo, con un abrigo poco gastado, y con los zapatos reluciente, que con gran esmero había conseguido, fumando el primer cigarrillo del día, salió de su pequeña casa, verde, desteñida, erosionada por el mal cuidado, cerro la puerta dejando la luz del pasillo prendida, sabiendo que en el momento de regresar a descansar el crepúsculo ya habría caído. Casi con tropezones fue caminado hasta una empresa en donde le habían dado el dato de que estaban tomando gente, dispuesto ha hacer cualquier cosa para ganarse la vida, se dirigió sin saber los puestos que pedían, en la esquina, yacía un puesto de café, un hombre de treinta años, con un clásico gorro y un sinfín de tolerancia, solamente para vender un café, tomar algo caliente lo atraía y hablar con alguien antes de ingresar al purgatorio seria razonable.
- uno, solo y limpio- río frotándose las manos.
- Tome hombre ¿qué es lo que hace por acá?, viene por el puesto de la empresa, 
- Así es, hace dos meses que estoy buscando trabajo, pero la edad me juega en contra
- ¿qué edad tiene?
- 38, parecen mas pero tengo 38, 
- pero mire que el puesto es para personas hasta veinticinco, no digo que no vaya pero las posibilidades son bastantes oscuras, 
- pero si no me conocen no saben de mis habilidades, de mis condiciones, de sencillez, no los entiendo, pero igual voy a ir, quien dice que por ahí tenga..., se den cuenta.
Se retiro del puesto pensando en la poca experiencia que tenia en entrevistas laborales, ya que desde un comienzo, trabajo en la empresa de un amigo, como seguridad, solo dormía por las noches, pero veinte años mas tarde, se veía obligado a lidiar con la espantosa entrevista, cuando su nombre salió de la boca de la secretaria se paro con ansias, convenciéndose de que lo podría hacer, movió su boca para mostrar una sonrisa, al entrar al despacho, abrió la puerta, corrigió su boca mostrando esa sonrisa, del otro lado, la mas fea cara de cansado, que lo vio y tomo el teléfono, hablo de espalda a este, de pronto la puerta de la oficina, un brazo lo tomo por el hombro, con delicadeza lo saco al tiempo que ingresaba otro, extremadamente joven, con el pelo casi perfecto y mas presentable que el.
- disculpe señor pero el puesto es para personas mas un poco mas joven pero no se decepcione, déjenos algo que seguramente los vamos a llamar,
así se fue cabizbajo con un problemas mas o menos, depende del punto de vista, a encontrarse con un almuerzo poco saludable, en un lugar de juntas atrevidas, de hombres buscadores de peleas, con gente de la baja mentalidad, entre muchos desempleados, trabajadores de temporadas y vagos testarudos. Apretó el paquete de cigarrillos descubriendo que no tenia como tranquilizarse, la mujer vieja, gorda y de mal carácter se acerco.
- solamente tenemos el especial, sopa con un poco de pan, ¿lo traigo'
sin posibilidad de elegir, se entrego a la dictadura que se imponía en el lugar, mientras espera una sopa, un rostro conocido pero poco querido se vio por el frente de local, el era su hermano, harapiento, con un olor pestilente, desagradable, se acerco al verlo
- que tal hermano, hace cuanto que no te veo, dos días, pero que cosa como puede pasar tanto tiempo
- un poco enojado, por lo sucedido en la mañana- lo mejor seria que te fueras, no tengo nada para darte
- pero si somos de la misma madre, podrías darme un billetes, para comer, 
- no pudo con su instinto familiar y entrego un par de billetes para que comiera- sentate conmigo, 
- no, yo acá no como esa vieja le mete cosas a la comida, mejor me voy al puesto y como algo con muchas calorías
se aparto al tiempo que saludaba a unos vagabundos de la zona, en cuanto el se quedo tomando su sopa, tenia un gusto raro, pero el frío acompañado del hambre hicieron que eso pasara desapercibido, luego de veinte minutos después de haber comido se paro, se fue del sitio pagando con las ultimas monedas que le quedaban, camino por un sendero diferente en dirección contraria a la que debía ir, avisto la plaza de su infancia, recordando cuando su travesuras se comentaban ahí, pero su recuerdo se interrumpió cuando vio a su hermano parado en medio de la plaza con un par de borrachos, tomando, en un instante interpreto la situación, pensando que ellos se reían de la bondad, sin decir palabra, agacho la cabeza y fue directamente a enfrentarse con su hermano, un metro antes de tenerlo cara a cara, apronto su mano, oprimiendo su puño hasta el punto de sangrar, tiro un puñetazo que impacto sobre la quijada de su hermano, al caer le continuo un sermón de maldiciones, que lo alteraban mas, pero la diferencia numeral era excesiva, su ceguera no se lo mostró, fue que los borrachos se lanzaron a el, superándolos en números, lo golpearon a un ritmo despiadado, incluso su hermano, el ruin vividor que lo extorsionaba con su apariencia, esta frente de el golpeando sin compasión. 
El tiempo paso, el azote quedo atrás, no fue hostigaste, dado la robustez, pero el dolor anímico, por diferente, se encontró dentro de el, despertando el lado escondido que tenia, aquel que en la intimidad podría llegar a despertarse, ocurrió en un momento poco entendible, la sensación sublime de la comprensión y disolución de problemas deja la incertidumbre para ser sincera. Avasallado por lo sucedido, se dirigió a su casa fatigado, casi con lagrimas en sus ojos el crepúsculo predesido se había caído, a oscuras divisa la figura de una mujer en la escalinata que antecedía a la puerta, con un vestido y una campera llamativa, lo esperaba en la puerta, oscilante, llego hasta el sitio, antes de poner el pie enfrente de su ex mujer, vio el cigarrillo que tenia en la mano, apasionado por uno, dejo que su vicio lo consumiera,
- dame un cigarrillo, o ese que tenes en la mano, 
no espero ninguna respuesta y se lo quito, ganado por el objeto y el vinculo, no estimo las consecuencias, entrego a las manos ásperas de la mujer la llave de la casa para que entraran, 
- ¿estuviste tomando?, de donde sacaste esa facha, pareces un borracho, después no preguntes por que,
- cállate y abrí la puerta que quiero entrar y sentarme, el malparido de mi hermano me pego, me dieron como para veinte
durante el transcurso que la mujer abrió la puerta el termino con el vicio, tirando la colilla a la calle, dando vueltas y vueltas hasta caer en el asfalto húmedo, derrochando las pocos fuerzas que traía de la larga caminata, entro y se encarrilo a la silla mas cercana, al ingresar por la puerta de chapa, el frío guardado parecía querer molestarlo, ese lugar era imposible que haya servido de hogar para una familia vulgar. Comprendía que, en momentos como este, toda conversación resultaba imposible, y antes de un encontronazo pretendida mantener las aguas calmas. En efecto, consiguió descansar, sentado en la silla, se enfrentaba a la adversidad, a la verdad, mas horrible que se le pusiera adelante, sabia que lo hecho, pareciera o no, tenia algo de culpa. El valor de las palabras contaban mas que la acción, dada la circunstancia en que parado estaba, tendría que disculparse, entablar un dialogo fluido, lleno de sonrisas, de halagos para la tarea bien cumplida, sabiendo que la hija de el vivía con esa mujer, tenia que mantenerse sereno, sin embargo el no pensaba de la misma manera, entablaba, un hilo interior que rescataba cualquier sentimiento benévolo y lo transformaba en una lección de vida, acentuando la oportunidad, para los demás, de aprender de el, la sinceridad de la arrogancia, el desprecio, la suma de estas representaba a un ser tan deshumanizado como el. 
- ¿qué demonios quieres de mi ahora?
- Un par de billetes, es lo que pensas, busco tranquilidad, por que estoy cansada, me pregunte como seria esa tranquilidad, como podría llegar a la tranquiliza, y no encontré la respuesta, así que fui con el abogado mas cercano y se lo pregunte, le bastaron dos minutos para mostrármela, tan sencillo, como nunca lo espere
- ¿cuál es la tranquilidad que te dio la rata?
- Apartarte de mi vida, si no s tenemos que poner al día, me debes muchas cuotas para nues....!para mi hija¡ y tengo derecho sobre la casa, haciendo la mas corta cuenta, sume mitad y deuda, y me dio como resultado casa, espero que te hayan quedado las cosas claras, mas luego recibirás las cartas de mi abogado, sin nada mas que decirte me retiro
- Par un poco- se levanto y se paro en frente de la puerta- que te pensas que haces, esto no es una caso que cuando tu divino capricho te lo impone venís y exigís, hay cosas que evaluar, hay decisiones que nunca dejaste tomar, no es de esta forma como se resuelven los problemas, estas equivocada
Las palabras engreídas y prepotentes continuaron exacerbando la circunstancia, aveces creía en el entendimiento, en el dialogo, dijo el hombre, entre tanto entredicho, pero su dialogo interno nunca fluyo como lo precisaba esa familia.
- con esto me voy a ir, te lo digo y me voy, ¿sabes donde esta tu hija?
El silencio tétrico, finito, con el portazo de la puerta, los zapateos de su calzado atestiguaron los llantos de la mujer, que de luchas conocía, pero mas de sufrimiento.
Quedo pensativo, mintiéndose por unos segundo, cuestiono, reflexiono, a su manera, la ocasión, la perdida que se presentaba, de su cajón saco la mitad de un cigarrillo, consumiendo cuidadosamente sus últimos segundos de tranquilidad, sabiendo que era lo que tenia que hacer, lo había pensado por mucho tiempo y se decidió, como si la sucesión de hechos se las hubieran marcados, suponiendo que su vida fuera un libro, en la pagina decía lo que tenia que hacer, era el, o su vida, no tenia mas que perder y mucho por ganar. 
Las primeras gotas de otoño no fueron solitarias, tuvieron la mejor de las compañías, unos truenos desahogadores, las preguntas salieron en todo el tiempo que la tormenta transcurrió. Para el fue la mejor noche, la que marcaría el día después, y casi seguro la vida del después. 
Rara escena de la vida humana, en la que la mayoría, tratan por lógica, de ocultar esas tristes realidades y las meten inmunes debajo de un montón de temas superficiales, que sirven para enderezar la torcida línea, que intentan llevar.
El llorón fue aquel, que ya no existe, por convicción decidió cambiar antes de enfrentares a tener que llorar de nuevo sobre sus rodillas. 
Al día siguiente, alegre salió de su casa con el diario bajo el brazo, en busca de lo que ayer no había podido conseguir, pero primero tenia que terminar con algo que el destino le impuso, se dirigió a la plaza en donde estaba su hermano.

 

Leandro Lecuna

 

VOLVER