Diego Armando Maradona, alcanzó el
reconocimiento internacional al ser uno de los más grandes jugadores de fútbol
en la historia de este deporte. Nacido en la provincia de Buenos Aires, hijo de
un obrero fabril, a los dieciséis años de edad ya gozaba de cierta fama por
integrar la selección nacional argentina. En 1982 emigró al fútbol europeo
militando en las filas del Barcelona y el Nápoles adjudicándose gran cantidad
de títulos y elogios. Alcanzó la celebridad en todo el mundo por la brillantez
de su juego; cobrando sueldos millonarios comenzó a llevar una vida
extravagante. En 1991, acusado de consumir drogas, fue apartado de la
competición internacional durante quince meses, al tiempo que se enfrentaba a
nuevas acusaciones por consumo de drogas en Argentina. La historia de sus
regresos e idas del fútbol conforman varios capítulos de su vida. Finalmente
termina su carrera deportiva en el club de sus amores, Boca Juniors, aunque sin
terminar de arreglar nunca sus problemas extradeportivos. Rodeado por un
ambiente de personajes controvertidos de moral, Maradona desparrama su
arrogancia por el mundo entero y su palabra es escuchada por las personas que
pese a su condición no ven en otra persona mejor referente. Maradona, al ser un
genio del fútbol, deporte que es pasión de multitudes, es fiel exponente de un
país que se ve reflejado en él, al aceptar su clase humilde y en desacuerdo
con los poderosos. Un país al que nuestros antepasados y nosotros mismos
seguimos haciendo y condenando al mismo tiempo.
A diferencia de Maradona, Jorge Luis Borges fue
hijo de un profesor. Estudió en Ginebra relacionándose con escritores,
filósofos e intelectuales de su época. Trabajó en la Biblioteca Nacional,
llegando a ser su director. Fue profesor de literatura inglesa en la Universidad
de Buenos Aires. En 1955 fue nombrado académico de la Argentina y en 1960 su
obra literaria era valorada universalmente como una de las más originales de
América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las
consideraciones. Cabe destacar que en la década de 1930 comenzó a perder la
visión hasta quedar completamente ciego. Sus posturas políticas evolucionaron
desde el izquierdismo juvenil a un liberalismo escéptico desde el que se opuso
al fascismo y al peronismo.
Muere en Ginebra, el catorce de junio de 1986,
pero quedan con nosotros sus cuentos, ensayos y poesías, así como la imagen de
un ser único, casi imaginario y argentino.
Como Maradona, como Borges, a imagen y
semejanza de sus vidas, vivimos y somos, los argentinos como las dos caras de
una misma moneda.
Lusitano