RECREAR LA
VOLUNTAD DE SER NACIÓN.
La Cuaresma nos enseña a
superar las tentaciones.
1. El tiempo de Cuaresma nos pone ante la imagen de Jesús
tentado en el desierto. Él mismo nos enseñó a pedir a su Padre:
"no nos dejes caer en la tentación" (Lc. 11, 4) y nos exhortó
hacia el final de su vida: "vigilen y oren para no caer en la
tentación" (Mt. 26, 41). La experiencia nos enseña que también
los pueblos enfrentan tentaciones. Una de ellas es la del
desaliento que lleva a pensar que no vale la pena permanecer en
el camino del bien, de la justicia y de la verdad. Otra puede
ser el encantamiento que produce la magia de creer que basta un
golpe de suerte para cambiar el cauce de las cosas y alcanzar el
éxito.
2. Los Obispos de la Comisión
Permanente reunidos en estos primeros días de Cuaresma, teniendo
presente los innumerables sufrimientos del pueblo, y en
particular el dolor de los más pobres, hemos reflexionado sobre
las tentaciones a las que todos estamos sometidos.
3. Detectamos el desaliento como
tentación que conforma el estado de ánimo de muchos ciudadanos.
Lamentablemente durante estos años la democracia, recibida con
tanto entusiasmo, no ha logrado aún realizar la justicia tan
largamente esperada, ni ha podido resolver problemas tan vitales
como el trabajo, la alimentación, la salud y la educación para
todos. El desaliento cunde también frente a los violaciones de
las leyes y de la misma Constitución. Ciertos acontecimientos
como por ejemplo el de la provincia de Catamarca donde la
violencia impidió las elecciones, menoscaban hondamente el
sistema representativo. Sin embargo sucumbir al desaliento sería
nefasto.
4. La tentación contraria es la
del falso optimismo basado en el sentido ilusorio de la vida.
Sea esto porque la economía aparentemente mejore, sea porque se
siga creyendo que el país es tan rico que nada lo puede
destruir, sea por cualquiera de los falsos mitos en los cuales
hemos creído a lo largo de nuestra historia
5. Aunque pareciera que
individualmente no podamos hacer grandes cosas por la Patria,
debemos ayudarnos unos a otros, con realismo, a realizar el bien
posible en cada momento. Lo que concretamente ahora debemos
hacer bien es cumplir con nuestra obligación de acudir a las
urnas. Las elecciones: ocasión para crecer como ciudadano
6. Por débil que sea nuestra
democracia, por inútiles que a algunos pudieran parecerles estas
elecciones, conviene sin embargo que estas se realicen de la
mejor manera posible. Si bien no se puede depositar una
confianza excesiva en ellas, pueden ser un instrumento para
seguir cultivando la esperanza de que somos capaces de construir
una Argentina más allá de la magia y del desánimo.
7. Los candidatos deben fundar sus aspiraciones en la probidad
moral demostrada a lo largo de sus propias vidas, en el valor de
sus proyectos, en el compromiso por el bien común, y no en
suscitar emociones engañosas.
Quienes acudamos a las urnas el
27 de abril hemos de aspirar a ser ciudadanos responsables de
cumplir los propios deberes antes de reclamar los propios
derechos. Respetuosos del vecino, capaces de realizar bien el
propio trabajo, contribuyentes honestos de tributos y servicios,
exigentes de la buena administración de los mismos, incapaces de
doblegarnos ante las dádivas partidarias, incrédulos ante
las vanas promesas de los políticos, críticos de nosotros mismos
y de las autoridades que elijamos.
Debemos ser ciudadanos que nos rebelemos ante la mentalidad
mágica que ha paralizado por decenios al pueblo argentino, y nos
resistamos a caer bajo la tentación del desánimo.
Responsabilidades de las autoridades electas
8. Las autoridades nacionales que serán elegidas, afrontarán la
ineludible responsabilidad de recrear la voluntad de ser Nación,
de modo tal que la sociedad argentina, que tanto ha sufrido en
esta crisis, encuentre caminos para expresarse políticamente por
medio de una dirigencia renovada, representativa y
creíble.¿Serán capaces los nuevos gobernantes de implementar las
necesarias reformas
que faciliten esos caminos, muchas de ellas enunciadas en las
"Bases para la reformas" del Diálogo Argentino?
Sin duda las alternativas a enfrentar son realmente desafiantes:
- Sustentar la vida pública sobre valores morales firmes o
permitir que sigamos conviviendo con hechos de flagrante
corrupción.
- Reafirmar el cumplimiento de la ley o legitimar una velada
anarquía.
- Encarar a fondo las reformas institucionales pendientes que
fundamenten una democracia real, o respaldar una supuesta
"legalidad democrática" que privilegia los intereses de las
distintas corporaciones.
- Implantar una cultura del trabajo o seguir cultivando la
cultura de la dádiva y del clientelismo.
- Delinear una política educativa y socio-económica que revierta
el dinamismo de la pobreza creciente o pretender calmar el
hambre de los pobres con la sola distribución de planes
sociales.
- Integrar federalmente la Nación o persistir en caudillismos
que aíslan y fracturan.
A María de Nazaret, que obedeció
la ley y fue a Belén a empadronarse con José y con su hijo Jesús
por nacer, imploramos que interceda ante Dios nuestro Señor por
nuestra Patria, sus autoridades y ciudadanos.