EL
29 de febrero de 1912 se cayó la famosa piedra movediza de Tandil. Hasta
ese día, lo que parecía imposible era que la gigantesca roca se
mantuviese en equilibrio, balanceando caprichosamente sus 380 toneladas.
Pero ese día la piedra rodó. Y la sorpresa fue mayor aún que el enigma
anterior.
A tal punto que permanecerían para siempre explicaciones de leyenda,
referidas a sabotajes o venganzas míticas, para hacer digerible la
noticia que el escritor Ricardo Rojas, a la sazón de vacaciones en
Tandil, transmitió al diario "La Nación" de Buenos Aires.
La piedra movediza era la postal más representativa de la ciudad y un
lugar de peregrinaje turístico obligado para la época.
En términos mitológicos se contaba la historia de un tigre que se
alimentaba del sol, cuando un indio lo hirió con una flecha. Su cuerpo
herido quedó bajo la piedra, y el tigre se movía furioso tratando de
quitarse la roca de encima para poder escapar. Otra narración aseguraba
que en tiempos en que la región sufría los embates del malón al mando
del cacique Tandil hubo una rebelión entre los aborígenes, que alineó
entre los rebeldes a su propia esposa, Mini.
El cacique, enterado de la traición, mandó que la ataran a la roca para
que fuera apedreada hasta morir. En su agonía Mini lo maldijo: "Mi
muerte conmoverá la montaña y tus ojos verán mi corazón latiendo en
esta piedra".