Nació el 11 de
octubre de 1904 en Magadalena. Subió por primera vez a un escenario a los 15 años. Fue en el
Teatro Avenida, en donde la compañía de Rosita Rodrigo representaba "Las
vírgenes de Teres".
No fue una buena experiencia, ya que cuando le tocó bailar, el público la
desaprobó con silbidos. Entonces hizo una promesa: no volvería a pisar un
escenario como actriz.
Por entonces, en la calle 25 de Mayo se encontraba el centro del estilo llamado
"bataclán" -género frívolo e intencionado- apto solamente para
hombres. Decidió presentarse en uno de esos espectáculos en el que al poco
tiempo hizo valer su personalidad. Fue la primera mujer a la que aplicaron una
multa de 20 pesos en el Teatro Porteño por salir a escena sin medias negras.
1923 fue un año importante en su vida.
Debutó en el
Maipo cantando el tango "Trago amargo" en la revista "Las
modernas Scherezadas". La habían escuchado en el bataclán haciendo
aquello -tan popular por entonces- de "Yo busco a mi Titina" y alguien
pensó que su temperamento se prestaba magníficamente para los tangos fuertes.
Y tenía razón. A partir de allí cambió su suerte. En 1925, estrena -en el
modesto teatro Bataclán- "Leguisamo solo" el tango de Modesto Papávero
en homenaje al "Pulpo", que Gardel graba a fines de ese año,
agregando al final una mención a "Lunático".
En 1927 vuelve al
Maipo, con Elías Alippi y Sofía Bozán, cantando "Un tropezón". En
1933 participa en la película "¡Tango!", dirigida por Luis Moglia
Barth y producida por Angel Mentasti, junto a Azucena Maizani, Libertad Lamarque
y Mercedes Simone.
En 1934 populariza la frase "¿Dónde hay un mango, viejo Gómez? Los han
limpiao con piedra pómez!" En 1937 canta "Nieblas del Riachuelo"
de Cobián y Cadícamo.
En 1950 filma "Arrabalera". Y en 1951 logra una actuación
consagratoria en la película "Los isleros" de Lucas Demare, con
Antonio García Buhr, sobre la vida de los pobladores del Delta. Luego de
consagrarse como cantante de tangos y actriz de revistas, lo hace como actriz
teatral en la obra "Filomeno Marturano", que fue representada durante
trece meses y luego llevada al cine. También filma las recordadas "Pasó
en mi barrio", "Deshonra", "Para vestir santos" y
"Mercado del Abasto".
Era una mujer
solitaria, aún cuando estuviera en compañía. "Soy desconfiada y sólo
creo en mis corazonadas. Sin embargo también soy agradecida, además me
considero excesivamente susceptible, sin dejar de ser bondadosa. En fin, soy
contradictoria". Esta confesión puede ser el justificativo por no haber
logrado en tantos años una estabilidad sentimental, a pesar de desearlo.
Siempre dió muestras de una gran entereza, que le ayudaron a superar
contratiempos como los que sufrió en 1955, tras la caída del General Perón,
época en la que debió trabajar en parques de diversiones debido a que le
fueron cerradas todas las puertas. Luego de esa brillante etapa llegó el
ostracismo artístico, fueron años muy duros de sacrificio y sinsabores.
Paulatinamente fue reapareciendo en algunos espectáculos, la TV le brindó la
posibilidad de volver a cantar tangos al tiempo que mostraba sus dotes como ser
humano. "La Madre María" marcó su brillante retorno al cine
nacional, luego de su etapa de ostracismo. Trazó su autorretrato en un tango
satírico: "Se dice de mí" que estrenó en el desaparecido Mercado
del Abasto.