Astor Piazzolla (1921-1992)
Astor
Piazzolla un separador de aguas en la música
nacional. Un hito, el antes y el después. "Nos
obligaría a todos a estudiar música", diría de él un
grande del tango, el maestro Osvaldo Pugliese.
Quizá esta característica guarde estrecha relación
con la nada común historia de vida de Piazzolla, con
las principales virtudes de su personalidad: la
fuerza y el talento.
Nació en la
bonaerense y turística ciudad de Mar del Plata pero
a los cuatro años de edad fue trasplantado a la
calle 8 del inquietante barrio de Manhattan, en los
Estados Unidos, barriada donde, según el mismo
músico, accionaba la mafia sin mayores
contratiempos. Allí el papá del músico -don Vicente
"Nonino" Piazzolla-, cortaba el pelo en la barbería
de un siciliano protegido y la madre elaboraba
tapados de piel sintética y productos cosméticos
dándose espacio, además, para oficiar de peinadora.
Los Piazzolla vivían a pocos pasos de una sinagoga.
De ese templo el talento de Astor -quien concurrió a
un colegio protestante, siendo católico- extraería
sus propias conclusiones: "Mis acentuaciones
rítmicas, tres más tres más dos, son similares a las
de la música popular judía que yo escuchaba en los
casamientos", relacionaría el músico en un reportaje
que le formularon, tiempo después, en el cual
recordó aquella sinagoga de su infancia y el
bandoneón que su padre le había regalado, guardado
celosamente en el despoblado ropero infantil.
También
evocaría su condición de chico camorrero ("me decían
Lefty, o sea Zurdo"), su pierna defectuosa que lo
obligaba a utilizar un zapato especial, con
plataforma, y algunos amigos que, con el tiempo, se
hicieron famosos, como Jacke La Mota, el que fuera
campeón mundial de los medianos; Joe Pomponio, el
manager de grandes boxeadores y Joseph Campanella,
un eximio beisbolista, deporte que Astor practicó
como la natación, a pesar de las dificultades con su
pierna.
Cuando el músico comenzaba a moverse con comodidad
en ese escenario siciliano atiborrado de vendettas,
hubo un retorno a Mar del Plata y, de nuevo, una
readaptación que no iba a durar mucho porque,
empujados por la crisis de los 30, los Piazzolla
regresarían a los Estados Unidos.
Esta vez fueron a dar a un barrio conocido como la
"Pequeña Italia", donde el músico terminó sus
estudios en el Colegio María Aussiliatrice sabiendo
de la existencia de Brahms, Mozart y Julio De Caro,
el ídolo de don Vicente quien, cuando Astor era muy
joven le presentó -en un intervalo de ese deambular
escapándole a la miseria- al mismísimo "Zorzal", a
Carlitos Gardel.
El retorno de
Astor a la Argentina, a Mar del Plata, sobrevino al
cumplir los 16 de edad, cuando ya había recibido
clases de bandoneón de Homero Pauloni (aunque sus
grandes maestros, tiempo después, iban a ser Alberto
Ginastera y la francesa Nadia Boulanger, la mujer
que le marcaría el camino musical definitivo). Lo
cierto es que al cumplir 18, el músico ocupó una
plaza de bandoneonísta en la orquesta de Aníbal "Pichuco"
Troilo. Cuando "Nonino" supo que su hijo revistaba
en la orquesta del "Gordo" pidió prestada una moto
y, en el día, fue y volvió de Mar del Plata. No
podía perderse semejante alegría y, de paso, le
solicitó a "Pichuco" que cuidara de su hijo. "Con
Troilo ganaba 800 pesos por mes, que me permitían
vivir con normalidad. Alquilar un departamento,
casarme y estudiar música", confesaría entonces un
Astor embelesado con la nueva situación. Es en esa
época cuando su vida discurre entre su departamento
de Parque Chacabuco y el barrio de Barracas, donde
vivía Alberto Ginastera, con quien se afanaba en
aprender orquestación.
También en ese
entonces un amigo le presentó a quien sería su
primera mujer, Dedé Wolff, con quien tuvo dos hijos
y 24 años de excelente unión (con Amelita Baltar, la
segunda, convivió seis años en Europa y, después,
llegó a su vida Laura Escalada, definida por
Piazzolla como el gran amor, la compañera ideal,
quien permaneció con él hasta el instante de la
muerte a causa de un infarto cerebral). A Laura, una
locutora estudiosa de la música, la había conocido
un día de su cumpleaños -el 11 de marzo de 1976- y
se casaron apenas la ley de divorcio lo permitió, un
11 de abril de 1988.
Otra mujer importantísima en la vida del músico fue
Nadia Boulanger, su profesora, con quien Piazzolla
mantuvo una relación que anidó en el plano exclusivo
del aprendizaje. Nadia era una condiscípula de
Maurice Ravel, maestra de Igor Markevith, Aarón
Copland y Robert Casadesus, entre otros. Piazzolla
llegó a ella en 1954, gracias a que había ganado el
premio Fabien Sevitzky con su estremecedora
"Sinfonía de Buenos Aires". El premio consistía en
participar de las clases colectivas que dictaba
Nadia, en el Conservatorio Fontainebleau, en París.
Eso le permitió al músico radicarse en Montmartre
con quien entonces era su mujer, Dedé, y pasar un
examen que, según propia confesión de Piazzolla, no
le resultaría nada fácil. Debió confesarle a esta
brillante profesora que sus orígenes, por amor y
convicción, eran tangueros.
Lo cierto es que cuando ella escuchó las cadencias
de ese melancólico bandoneón, le dijo a Piazzolla
que nunca equivocara el camino, dibujado en esos
acordes tan bellos como inspirados. De ese acierto,
claro, hoy da buena cuenta una producción tan rica
como variada. La inolvidable "Suite Troileana",
compuesta en homenaje a su amigo "Pichuco", las
obras iniciales brotadas desde aquella orquesta del
"Gordo" matizada con las enseñanzas de Ginastera (a
esa etapa corresponden "Tanguango", "Triunfal",
"Prepárense", "Para lucirse"), su encuentro con el
poeta Horacio Ferrer, la sólida vigencia de "Balada
para un loco", un camino por la música que además
del tango navegó la expresión clásica, el jazz y
hasta el rock. Cuando le preguntaron a Piazzolla
cuáles eran los hitos más apreciados de ese camino,
que nombrara sus mejores grabaciones, hizo
abstracción de algunos conjuntos que había formado,
como el Noneto y el Sexteto, y se quedó con "La
Camorra", su última musicalización con su muy amado
Quinteto. También recordó los discos plasmados con
Gary Burton y Gerry Mulligan, y, desde luego, no
pudo olvidar a "Concierto para bandoneón", con la
orquesta de Lalo Schifrin.
Apenas un
puñadito de notas para una vida hecha sonido, para
un destino de pelea y bandoneón