Carlos Pellegrini (1846-1906)
Fue presidente
de la Nación entre 1890 y 1892, cargo al que accede al
producirse la renuncia del presidente Miguel Juárez
Celman, por los acontecimientos conocidos como la
revolución del Parque, o revolución del 90. Pellegrini
era el vicepresidente desde 1886 cuando asumió el
gobierno Juárez Celman.
Cuando la crisis política y económica derivó en la caída
del presidente Pellegrini acepta la nueva
responsabilidad, no sin antes asegurarse de recibir el
apoyo expreso de quienes podían -por su solvencia-
facilitarle el dinero imprescindible para afrontar las
necesidades más apremiantes del Tesoro Nacional. Como
consecuencia de la crisis interna sumada a la suba
exorbitante de la cotización del oro, es liquidado el
Banco Nacional, creando Pellegrini el Banco de la Nación
el 25 de octubre de 1891.
Impone una administración muy austera en pos de
equilibrar las cuentas públicas. Se recuperan las Obras
Sanitarias y ya no se hacen concesiones ferroviarias a
capitales extranjeros. Nacido en Buenos Aires, su
carrera política se había iniciado tempranamente. Siendo
joven toma parte como voluntario en la Guerra de la
Triple Alianza contra Paraguay.
En
1864 ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad
de Buenos Aires, siendo uno de sus 73 alumnos.
En 1869, a los 23 años, se doctora con una tesis sobre
"Derecho Electoral". Comienza su actuación política
relevante como diputado provincial, renunciando a ella
al ser elegido diputado nacional el 1° de enero de 1873.
Su primer proyecto se refiere a la "Conversión del papel
moneda", habiéndose incorporado a la política
enrolándose en las filas de Adolfo Alsina, jefe del
Partido Autonomista Nacional. Frente a Alsina aparecía
Mitre con el llamado Partido Liberal. Esta ubicación de
Pellegrini explica que -siguiendo a Alsina- se
identificara con Sarmiento primero y con Nicolás
Avellaneda después.
En 1883 -como senador nacional- presenta un proyecto
para la fundación del Banco de la República Argentina,
reflotando también viejos proyectos de construir un
puerto digno de la pujante metrópoli. Desempeña
posteriormente una misión financiera y a su retorno, en
1888, se convierte en ministro de Guerra y Marina,
durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca.
Brillante orador y destacado jurisconsulto y economista,
ante el rechazo de sus gestiones por la unificación de
la deuda externa en 1901, se convierte en un fervoroso
opositor a la presidencia de su antiguo amigo Roca, y en
la legislatura lo acusa con dureza, plegándose a quienes
reclaman la reforma electoral. Se convierte así en el
jefe natural del antirroquismo.
Cuando grupos que le reprochaban su manejo de la deuda
externa a pedido de Roca fueron a apedrear su casa,
Pellegrini salió a encararlos pese a que su salud estaba
deteriorada. Los convocados dejaron las piedras y se
retiraron. Cuando murió, una multitud reconoció su
aporte a la vida del país, concurriendo a la despedida
de sus restos en el cementerio de la Recoleta.