BIOGRAFIAS

 

  Mercedes Sosa

 

Una partera la  ayudó a nacer un día de la Patria, el 9 de julio de 1935. El alumbramiento sucedió en el Hospital Padilla, en San Miguel de Tucumán, donde  Mercedes "La Negra" Sosa hizo escuchar por primera vez el bellísimo timbre de su voz.
Eran tiempos de privaciones para esa familia que celebraba a la niña. Ella lo recordaba. Habló de su padre, deslomándose para limpiar la chimenea del Ingenio Guzmán con 40 grados a la sombra y, como al pasar, hizo agua de su boca pensando en la "picada" de su abuela Genoveva, un guiso asopado que los Sosa devoraban iluminados por la luna, porque en la casa no había luz.
Tampoco aparecían las  monedas para llegar a la escuela en colectivo, pero quedaba la evocación sensible, la que florece desde el corazón. ¡Cómo olvidar, pues, las hamacas del Parque 9 de Julio que proponían un alto inevitable en el camino a clase! ¡O las tangarinas, esa mezcla de naranjas con lima que aromatizan los barrios, las bucólicas callecitas de Tucumán! "La Negra", la segunda de cuatro hermanos, siempre supo todo sobre esos contrastes que bullen en el corazón. Los incorporó a la voz, que -primero tibiamente- comenzó a abrir una hendija en las puertas de la fama cuando cumplió los quince.
A esa edad Mercedes ganó un concurso de canto organizado por LV12, la radio de su provincia, interpretando un tema de título sugestivo: "Triste estoy", de Margarita Palacios. Fueron esos los tiempos del folclore más puro, el clásico, cuando conoció a David Mathus en una peña.
Se casaron el 5 de julio de 1957 y se radicaron en Mendoza.

En 1960 vinieron a Buenos Aires, a cuidar y limpiar un edificio de propiedad horizontal. Y todo siguió así hasta que Mathus la abandonó para siempre, en 1965. Los años vividos junto a él, diría ella después, "fueron los más desdichados de mi vida".
Durante un tiempo deambularía con su hijo Fabián (actualmente su representante) de hotel en hotel hasta que, por fin, conoció a quien sería el amor de su vida, Pocho Mazzitelli, fallecido en 1978 a causa de un tumor cerebral. "Pocho fue mi paragolpes: yo chocaba y él me atajaba", reflexionó alguna vez sobre su relación con Mazzitelli, que en esos tiempos la representó y con quien convivió trece años. Esa fue, quizá, la época más fructífera de "La Negra", una etapa en que popularizó "Gracias a la vida", "Que vivan los estudiantes", "Juana Azurduy", "Alfonsina y el mar" y "La carta", entre otras.
Una escalada musical que la llevó a vender más de un millón setecientos mil discos, haciéndose célebre en todo el mundo.

Y, después, vendría el encuentro en Brasil con Milton Nascimento, en 1967, el hito que marcaría una nueva etapa de su campaña musical, esta vez no circunscripta al folclore. Es que, a partir de esa liasson con Milton, Mercedes Sosa abriría su repertorio al rock, donde esta vez anclaron sus afectos. Con León Gieco, Víctor Heredia, Fito Páez y Charly García -su preferido- iba a establecer una comunidad de música y afectos que continuamente se renueva y perdura. "Admiro la música de Charly -dijo ella alguna vez, comparando su relación con García con la que mantuvo con Milton Nascimento-. Me emocionan sus canciones". De la obra de Charly García ella selecciona "Cuando ya me empiece a quedar solo", quizá porque ancló fuerte en su sensibilidad de mujer. "Mi soledad es inevitable", señaló alguna vez.
Del mismo modo que expresó que "los artistas utilizamos la felicidad y el dolor para organizar nuestro arte", un modo de recalcar los claroscuros que acompaña la vida. Una vez en Amiens, Francia, en una ocasión arrojó el bombo al costado del escenario y, sintiéndose paloma, bailó y bailó, con el público que la aplaudía puesto de pie, a rabiar. "Después seguí con la danza acá y a todos les gustó. "Dale, Negra, bailá", le gritan a este tótem que soy yo", confesaría en un reportaje. A esta mujer, mitad pájaro y mitad sonido, un encanto muy especial la define: la selección de temas que configuran su muy particular repertorio: no otra cosa puede decirse de "Inconsciente colectivo" y "De mi", de Charly García, de "Parte del aire" y de "Yo vengo a ofrecer mi corazón", de Fito Paéz. O de "Mi madre María", el tema de Víctor Heredia que "La Negra" gorjeó en la Capilla Sixtina del Vaticano, en el Segundo concierto organizado por el Vicariato de Roma.

 

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