Apodado
"Discepolín", nació el 27 de marzo de 1901, en la calle Paso, del
barrio de Once, Capital Federal. De notable versatilidad expresiva, fue autor,
compositor, dramaturgo, periodista, actor, monologuista. Pero fue,
probablemente, a través de sus letras, que logró perdurar en el alma colectiva
de los argentinos, expresando sentimientos y hasta una visión de la existencia,
por momentos grotesca, por momentos decepcionada, que ha sido caracterizada con
frecuencia como propia del "ser nacional". No es casual que a él
pertenezca una de las más fantásticas definiciones del tango: "Es un
sentimiento triste que se baila". Como actor tuvo apariciones en teatro y
en cine (se recuerda especialmente su monólogo en el filme "El
hincha") y durante la etapa peronista se jugó por los ideales del gobierno
de Perón haciendo los célebres monólogos radiales de "Mordisquito",
en los cuales puso toda su creatividad e ironía para rebatir las críticas de
los opositores. Esto le valió la pérdida de numerosas amistades, lo que en su
esquema de valores fue un exilio insufrible. Deprimido, murió
antes que Perón fuera derrocado en 1955. Pero es en su condición de
letrista popular, donde "Discepolín" es definitivamente innovador,
revolucionario y perdurable. En "El Libro del Tango", el poeta Horacio
Ferrer hace constar que al irrumpir Enrique Santos Discépolo, ya había
arraigadas corrientes dominantes, marcadas por Contursi ("Bandoneón
arrabalero"), Celedonio Esteban Flores ("Mala entraña"), y José
González Castillo ("Organito de la tarde"). Pero con "Discepolín"
comenzó a escucharse una voz nueva. Entre sus títulos más destacados, pueden
citarse "Qué vachaché", "Victoria" (el hombre que canta
victoria, feliz porque su mujer lo abandonó), "Yira yira",
"Uno", "Cafetín de Buenos Aires", "Chorra",
"Justo el 31" y "Alma de bandoneón".
Murió el 23 de diciembre de 1951 en su casa de la avenida Callao.