Pintor y litógrafo argentino nació en Buenos Aires el 12 de Febrero de 1813
y murió en Quilmes el 10 de Septiembre de 1894.
Su padre, José María Morel y Pérez era un rico comerciante español, su
madre, Juliana Miró, hija de un funcionario de la Real Renta de Tabacos. En
1825, cuando contaba doce años, falleció su pare y su desaparición incide
decisivamente en las posibilidades futuras del hogar y obliga a los dos hijos
varones, Estanislao y Carlos, a incorporarse tempranamente a los negocios
paternos. Ambos hermanos resuelven emprender el estudio del dibujo en la
rudimentaria escuela dependiente de la Universidad, a cargo del suizo José
Güth y el italiano Pablo Caccianiga. Estanislao abandona muy pronto el estudio,
pero Carlos sigue regularmente los cursos que se prolongan hasta 1831.
Fueron condiscípulos suyos en ese período, Fernando García del Molino,
Ignacio Baz y Eustaquio Carrandi, quienes se habrían de destacar como pintores
en los años subsiguientes. En el año 1830 su madre contrajo segundas nupcias
con el artista italiano Cayetano Descalzi, notable retratista, autor del
magnífico retrato de Rosas, grabado por Lemercier en París en 1844.
Morel recibió lecciones de su padrastro antes de la separación de Descalzi,
por desarmonía conyugal, que llevaron a un expediente de divorcio promovido en
1838 por la madre de Morel.
Hasta 1834 vivió dedicado al comercio: en 1835-36 realizó los retratos de
Vicente Corvalán y Rosas y su esposa Encarnación Ezcurra, en colaboración con
su antiguo compañero de la Escuela de Dibujo de la Universidad, Fernando
García del Molino. Ese mismo año de 1836 hizo su primer trabajo litográfico
conocido, El Descendimiento.
Su nombre trasciende ya el medio y Marcos Sastre, en su recordado discurso de
inauguración del Salón Literario, en 1837, pronuncia su nombre junto a los de
Fernando García del Molino, Marcelino Saint Arroman y Antonio Somellera,
expresando que "de todos estos se gloriará algún día la nación".
En el año 1841 colabora en la confección del magnífico álbum Recuerdo del
Río de la Plata, editado por Carlos Enrique Pellegrini en la Litografía de
las Artes. Realizó un viaje a Río de Janeiro en 1842 permaneciendo dos años
en aquella ciudad. De regreso en Buenos Aires en junio de 1844 publicó su
álbum Usos y Costumbres del Río de la Plata, también impreson en la
Litgrafía de las Artes.
De esta obra se realizaron dos ediciones: la nombrada en 1844, y una segunda en
el siguiente año, integradas ambas por portada y diez hojas en folio mayor.
Contiene los siguientes motivos: El cielito, Puertas del cementerio, Peones
troperos, Vista de una casa sobre el río, Las lavanderas, El tambo, El lazo, La
carreta, Parada de tropa, La partida, El camino, Carga de Mendoza, El pastoreo,
El ombú, Coraceros, Caballo espantado, Caballería.
Este trabajo, notable exponente de su labor como litógrafo, ha sido motivo
de frecuentes reproducciones para ilustrar artículos sobre temas folklóricos,
históricos y costumbristas. En sus simpáticas escenas, plenas de humanidad,
surge toda una galería de tipos porteños de la época: soldados, aguateros,
lavanderas, gauchos, etc.
En esos años un suceso trágico conmueve hondamente la sensibilidad del
artista, Julián Durpuy, casado con su hermana Indalecia Morel, es bárbaramente
asesinado por los sicarios de la tiranía rosista. A partir de 1844 solo produce
obras de mérito muy relativo, copias en su mayor parte; su paleta ha perdido la
fuerza expresiva de otros tiempos. Desde esa fecha y hasta 1870 no hay detalles
de su vida; se lo supone radicado en Quilmes, en el hogar de su hermana
Indalecia, y una guía comercial de 1870 lo menciona como fotógrafo en aquella
ciudad. Es sabido que el daguerrotipo y la fotografía desplazaron, al menos
parcialmente, a los retratistas al óleo, obligando a muchos artistas a
dedicarse a la fotografía.
Disminuida considerablemente su personalidad por el trastorno mental que le
ocasionó la horrible muerte de su cuñado, pasa sus últimos años entregado a
la pintura por lo general de motivos religiosos, a trabajos de bordado y a la
lectura de libros y periódicos que llegan a su casa.
Cultivó la música con acierto, y sus ejecuciones en el violín hasta avanzada
edad, permiten suponer un intenso aprendizaje.
En 1877 realiza un retablo para la iglesia de Quilmes, trabajo elogiado por el
diario local "El Quilmero", que expresa en un artículo los sucesos
familiares que decidieron al artista a hacer abandono de los pinceles durante
muchos años.
Vivió así sus últimos años, rodeado por el afecto de sus sobrinos,
falleciendo a los 81 años, siendo sepultado en el cementerio de Quilmes.
Su paleta y su caja de pinturas se conservan en el museo local.
Morel es, cronológicamente considerado, el primer pintor argentino.
Fue el primer artista nacional que dejó una obra de apreciable valor
artístico, dentro de las limitaciones impuestas por el medio que desarrolló su
actividad. Pintó al óleo, a la acuarela, dibujó y litografió, abordando
todos los géneros: el retrato, los temas religiosos, el paisaje, la pintura de
costumbres, la pintura de historia, con hábil composición y fino colorido.
Aventajó a sus contemporáneos en la forma que interpretó nuestras escenas de
costumbres: el no captó nuestros usos ni pintó nuestras ciudades y paisajes
como lo hacían los viajeros que buscaban generalmente lo exótico de estas
escenas, sino que interpretó con los ojos del alma y del intelecto fundidos en
su pasión de artista sincero.