BIOGRAFIAS

 

Cándido López (1840-1902)

 

Pintor argentino nació en Buenos Aires el 29 de Agosto de 1840 y murió en Baradero, provincia de Buenos Aires, el 31 de Diciembre de 1902.
Cursó estudios artísticos en Buenos Aires con Carlos Descalzo y con los maestros italianos Baldasarre Verrazzi e Ignacio Manzoni, ambos destacados retratistas.
En 1858 compuso un Autorretrato de muy buena factura. En ese mismo año, con motivo de la inauguración del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, donó a esa institución el óleo: La Caridad. Juzgando que ya había aprendido lo suficiente como para ganarse la vida con su arte, se alejó de Buenos Aires al interior del país, dedicándose al retrato.
En 1858 pintó un San Jerónimo en la iglesia de San Luis Gonzaga de Mercedes. En 1859 viajó a Mercedes, Chivilcoy, Bragado, Luján, Carmen de Areco y Baradero realizando numerosos daguerrotipos, arte que practicó con su maestro Carlos Descalzo, pintor y fotográfo.
Varias familias de Chivilcoy conservaban daguerrotipos hechos por Cándido López asociado con Juan M. Soulá un fotógrafo francés de Mercedes en Mayo de 1861.
En su Libro de Gastos y en su Diario de Viaje hay detalles de estas actividades. En noviembre de 1862 hizo el Retrato del general Mitre, de gran tamaño, en Mercedes.
La declaración de la guerra con el Paraguay lo sorprendió en 1865 en San Nicolás de los Arroyos y allí mismo se incorporó, con el grado de teniente segundo, al batallón de Guardias Nacionales que, bajo las órdenes del comandante Juan Carlos Boerr, integró el Primer Cuerpo de Ejército al mando del general Paunero.
Partió para la guerra. El patriota y el artista vibraron al unísono. Fiel a su vocación, llevó en sus bártulos lo necesario para tomar apuntes y realizar bocetos de las escenas bélicas en las que participó. Intervino en las principales acciones y entretanto documentó lo que veía. El retratista se transformó en paisajista; en sus pequeños bocetos encerró vastas perspectivas panorámicas que mostraron a las tropas argentinas, brasileñas y uruguayas en operaciones contra los paraguayos. El paso del río Corrientes; el embarque en Paso de los Libres; el campamento de Uruguayana; la escuadra en Paso de la Patria; las grandes acciones de Yatay, Estero Bellaco, Tuyutí, Boquerón y Curupaytí.
En el asalto de Curupaytí el 22 de septiembre de 1866, una granada le destrozó la mano derecha y el médico militar, doctor del Castillo, se vio obligado a amputarle el brazo. No se intimidó ante esta desgracia, reeducó su mano izquierda y a los pocos meses envió a ese médico un cuadro como prueba de que su invalidez no había frustrado su afición pictórica. A raíz de este episodio guerrero López es conocido como "el manco de Curupaytí".
Después de la guerra de dedicó a pintar escenas de la campaña. Vinculado con el artista italiano Ignacio Manzoni, copió de este algunas escenas de batallas, asimilando la soltura del dibujo del fecundo pintor itálico. Con Manzoni afinó asimismo su paleta, logrando mayor riqueza tonal. Su plan fue realizar alrededor de noventa óleos, consagrándose a esa tarea con la pasión de un misionero. Dedicó su vida a rememorar esa campaña, deseando dejar estampada en imágenes las distintas acciones de la misma para las generaciones futuras.
Hizo cincuenta y dos cuadros, de los cuales nueve están dedicados al asalto en Curupaytí. En 1885 expuso en Buenos Aires una serie de veintinueve cuadros, los que fueron adquiridos por el Congreso Nacional, hoy en el Museo Histórico Nacional.
Alternó esta labor con algunas naturalezas muertas que pintó para parientes y amigos. No alcanzó a componer las noventa obras proyectadas sobre la guerra del Paraguay y algunas de las últimas que pintó han quedado inconclusas. Documentar esa campaña fue su fundamental pasión y denota en sus trabajos calidades pictóricas innegables. Para una justa apreciación de sus cuadros es indispensable estudiar su pintura como arte ingenuo, espontáneo y natural, sin ataduras de escuela.
Fue auténtico "naïf", a mediados del siglo XIX, cuando la crítica no apreciaba aún el valor estético de dicho arte, que más tarde, ante el caso del "aduanero Rousseau" y otros, valorarían las escuelas de vanguardia como la expresión más auténtica de antiacademicismo. Este primitivo ocupa un lugar importante en la historia de la pintura argentina, con relieves muy particulares. Reflejó en sus cuadros el paisaje autóctono con gran veracidad, amplias visiones panorámicas del río y de la selva, lujo de detalles, ajustadas matizaciones tonales y claroscuros ricamente valorados. Se halla representado en los museos Nacional de Bellas Artes, Histórico Nacional y Colonial e Histórico de Luján.
Sus cuadros de la guerra del Paraguay poseen un gran valor artístico y documental. El paisaje se presenta en todo su esplendor en cada obra suya. Las escenas de campamento y la marcha del ejército con sus bandas musicales aparecen con todo detalle en forma minuciosa y prolija y con gran delicadeza.
En 1973 se publicó en Río de Janeiro un álbum de gran formato con el título: A Campanha do Paraguai. De Corrientes a Curupaiti. Vista pelo teniente Cándido López, con 48 láminas en colores.
En 1976 se publicó en Parma por Francesco María Ricci, Immagini della guerra del Paraguay, con 156 láminas en colores que reproducen cuadros de Cándido López.

 

Manuscrito de Cándido López:
Campamento del 29 cuerpo del ejército brasilero en Guiuzú, 20 de septiembre  de 1866.

"El Vizconde Porto Alegre, jefe del 29 Cuerpo del Ejército Brasileño, tuvo la gloria de conquistar esta posesión el día 3 de septiembre de 1866, donde derramaron copiosa sangre sus valientes batallones de Voluntarios de la Patria. Inmediatamente se ocupó de hacer abrir un foso a trescientos metros (al norte) apoyando su costado izquierdo en el bosque de la barranca del río, y su flanco derecho en la laguna; colocó en posición su artillería y parte de la tomada al enemigo y quedó de este modo resguardado de algún ataque que pudieran traerle los paraguayos por el lado de Curupaytí.

Dentro de este recinto acampó su ejército y en un grupo de ranchos que abandonaron los paraguayos en su fuga rodeado de altos curupayes, estableció su Estado Mayor. Aún se conservaba en uno de estos altos árboles una tosca y frágil escalera donde el enemigo colocaba un vigía para que observase la escuadra cuando esta evolucionaba del otro lado de la isla. Al pie de la muralla que da frente al río estaban sepultados los oficiales que sucumbieron gloriosamente en la lucha. Unas humildes cruces señalaban este enterratorio que era mirado con veneración y respeto por sus camaradas cuidando de no profanarlas con sus plantas.

Un grupo de soldados vestidos de zuavos llamaban la atención con sus vistosos uniformes, únicos en el ejército.

El río no podía presentar, a la vez un aspecto más animado y pintoresco; gran cantidad de buques se movían en distintas direcciones, allí estaba la numerosa Escuadra brasileña, también los pocos buques argentinos y sus transportes fletados.

A esto se agregaba la gran cantidad de embarcaciones de comercio, de variadas dimensiones y formas. Del otro lado de la isla de Curuzú se vela una línea interminable de mástiles con banderas de distintas naciones, siendo las más italianas.

El patriota almirante don José Muratore que me honraba con su amistad y cariño, fue el que me proporcionó los útiles para hacer estos bocetos, y este fue el último que trazó mi mano derecha dos días antes de ser destrozada por la metralla enemiga y dio la casualidad que a este paraje llegué cuando me retiré herido del combate, donde me encontré con el Dr. Lucilo del Castillo quien con toda solicitud puso hilas y vendas a mi herida.

En el asalto de Curuzú las fuerzas brasileñas tuvieron 11 oficiales muertos y 40 heridos.

Eran dos compañías de negros Bazanos que servían a bordo. Dicen que era la guardia del almirante de la escuadra. Muy raras veces se veían en tierra. Un capitán de estas compañías de nombre Marcelino Díaz, tomó participación en el ataque de Curuzú agregado al batallón 8 de Voluntarios de la Patria de Río de Janeiro y tuvo la gloria de arrear la bandera paraguaya que allí flameaba."

 



"Vista del interior de Curuzú mirado de aguas arriba (norte a sur) el 20 de setiembre de 1866"
 1891 - Óleo sobre tela, 48,5 x 152 cm.

Donación al Museo de Bellas Artes:
Juan Alberto López y Adolfo Cándido López en nombre de los descendientes del pintor el 18 de mayo de.1963. 

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