BIOGRAFÍAS

 

Manuel Belgrano (1770-1820)
  Gran Prócer Argentino.

Nacido el 3 de junio de 1770 en Buenos Aires, Argentina. Comenzó sus estudios en el colegio de "San Carlos" y los termino en España, graduándose de abogado en 1793. Se traslado a Buenos Aires en 1794, para ocupar el cargo de secretario del "Consulado de Comercio", en cuyo desempeño presto servicios importantes y desarrollo ideas y principios económicos que impulsaron a los criollos por el camino de la revolución.

En la primera invasión inglesa combatió en defensa de Buenos Aires; pero ocupada la ciudad y como el tribunal al que pertenecía presto homenaje al vencedor, no quiso someterse a esta humillación y se retiro a la Banda Oriental. De regreso pudo tomar parte de la defensa de la ciudad, en la segunda invasión inglesa, con el grado de sargento mayor de la legión de "Patricios".

Begrano fue uno de los primeros argentinos que meditaron en la independencia de la patria; y tomo parte activa y principal en los preparativos y ejecución de la revolución de Mayo, cuyos ideales sirvió con incomparable y abnegada dedicación. Erigido el primer gobierno nacional, formo parte de el como vocal de la Junta; y siendo necesario propagar la revolución, fue encargado de dirigir la expedición militar al Paraguay, con el propósito de auxiliar a su pueblo para emanciparse de la autoridad española. Al frente de un puñado de bravos (escasos mil hombres) se interno en aquella provincia del virreinato y peleo con valentía asombrosa en las batallas de Paraguary y Tacuari (Enero y Marzo de 1811) contra tropas cuatro veces mas numerosas; pero al retirarse, rechazado por los que iba a libertar, dejo preparada la revolución que estallo dos meses después.

Nombrado jefe del ejercito que debía operar en la Banda Oriental contra el general español don Javier Elio, presto allí eminentes servicios a la causa de la libertad; pero una revolución cambio el personal del gobierno y Belgrano fue destituido de su cargo y mandado enjuiciar por su fracaso militar en el Paraguay, siendo absuelto y repuesto en su grado y honores. Designado para el comando del campo militar mandado establecer en las barrancas del Rosario, en las que el coronel Angel Monasterio construía las baterías destinadas a obstruir a los españoles de Montevideo el pasaje del rió Paraná, ideo allí la escarapela primeramente y la bandera nacional después; la que si no fue aprobada por el superior gobierno por razones políticas del momento, fue sancionada en 1818 por el congreso de la nación, agregándose el sol en el medio de la faja blanca central. Ese es, desde entonces, el símbolo glorioso de nuestra personería soberana entre las demás del mundo político; y a este solo titulo fuera inmortal la memoria de Manuel Belgrano en el corazón de los argentinos.

Pero añadió pronto otros títulos para su gloria y nuestro bien, pues designado para el comando del ejercito del Norte, despedazado por el enemigo en la lúgubre acción del Desaguadero, se recibió de el y le fue dado salvar, en un esfuerzo supremo, a la revolución argentina, derrotando al adversario ensoberbecido por sus victorias, en la memorable batalla de Tucumán el 24 de Septiembre de 1812; triunfo que completo el 20 de Febrero del siguiente año en la de Salta, batiendo y rindiendo al ejercito del general Pío Tristán. La asamblea nacional le premio con un sable de honor y $40.000, que el agraciado destino a la erección de escuelas en que los niños argentinos pudieran recibir el pan bendito de la instrucción, que les habilitaría a ser útiles a si mismos y a la patria. Después de esta victoria gloriosa el general Belgrano invadió el Alto Perú, pero fue derrotado en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma; y retirado a sus antiguos cuarteles de Tucumán, fue reemplazado en el mando del ejercito por el futro libertador, general Jose de San Martin.

Enviado a Europa en 1814, con Bernardino Rivadavia, como representante diplomático del gobierno de la revolución, para gestionar el reconocimiento del gobierno de la revolución, para gestionar el reconocimiento de la revolución argentina, fracaso en su empeño; y regreso al Río de la Plata, dejando a Rivadavia engolfado en el propósito de erigir un gobierno monárquico, lo que felizmente no consiguió realizar. Poco después el general Belgrano fue nombrado jefe del ejercito en operaciones contra los anarquistas de Santa Fe; pero traicionado por su segundo jefe, el general Eustoquio Diaz Vélez, fue depuesto. Volvió a Tucumán; y allí se empeño en que el congreso declarase la independencia y erigiese una monarquia constitucional. Obtuvo lo primero y ese es otro de sus gloriosos títulos; y escollo en lo segundo, a que le inducía la convicción de que era la única forma de gobierno que haría aceptable a los gabinetes europeos la independencia argentina. Elegido por segunda vez general en jefe del ejercito auxiliar del Perú, sostuvo varios años la lucha con los españoles en el norte de la republica, de que es parte notabilísima aquella estupenda guerra de gauchos sostenida por el general Martin Miguel Güemes; hasta que obligado nuevamente a intervenir en los sucesos del litoral, se dirigió con su ejercito a este destino, pero una grave enfermedad le impuso separarse de sus compañeros de armas y retirarse a Tucumán. Allí le esperaba la amargura suprema, viéndose preso y ultrajado por obscuros motineros de cuartel.

Regresó a Buenos Aires gravemente enfermo; y entregó su alma a la inmortalidad el 20 de junio de 1820.

 

 

 

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