Nació en
Santo Angel (Misiones) el 25 de Octubre de 1789,
hijo de don Diego de Alvear y Ponce de León y doña
Josefa Balvastro. Embarcado para España en 1804, con su
familia, en al expedición salida del Río de la Plata,
compuesta de cuatro fragatas que conducían caudales,
tuvo la desgracia de perder a todos los suyos por la
voladura de la "Mercedes", en el combate que sostuvieron
con igual numero de naves inglesas, frente al cabo de
Santa Maria, el 5 de Octubre de ese año. Tomo
servicio militar en España y permaneció allí sirviendo
en el regimiento de "Carabineros Reales", desde 1806,
participando en varias acciones de guerra, como
Talavera, Yebenes, Ciudad Real y Victoria.
En 1811 salio de Cádiz para Londres y de allí se dirigió
a Buenos Aires a ofrecer sus servicios a la revolución,
llegando a esta ciudad el 9 de Marzo de 1812. Nombrado
sargento mayor del regimiento de "Granaderos a Caballo",
de que era jefe el entonces don Jose de San Martin, mas
que a la organización de este cuerpo, tan glorioso
después, se dedico a la política, tomando activa parte
de la institución de la "Logia Lautaro" que tanta
influencia tuvo en la revolución argentina.
Figuro en la conmoción del 8 de Octubre de 1812, que
cambio el personal del poder ejecutivo y los rumbos de
su política, imprimiéndole mayor acierto, eficacia y
energía, con gran ventaja de los intereses políticos y
militares del país; y fue diputado, en representación de
Corrientes, a la asamblea nacional constituyente que
emergió de aquel movimiento y de la cual fue elegido
primer presidente. Es fácil deducir la preponderancia
que obtendría en la política del momento, dada la
importancia de la posición alcanzada; y la intervención
personal que tuvo en los sucesos mas resonantes de la
época, tanto en la reorganización de los poderes
públicos y sanción de leyes trascendentales, como en la
dirección de la guerra, en que fue factor de primera
entidad.
Para ejecutar planes y cumplir propósitos deliberados,
fue nombrado en Mayo de 1814 general en jefe del
ejercito sitiador de Montevideo, en
substitución del general Rondeau; y el mismo día en que
asumía su comando, el almirante Brown aniquilo la
escuadra española, principal apoyo de los sitiados, en
el famoso combate de Buceo de la Luz; de manera
que el nuevo general iniciaba su acción en campo
despejado del principal y mas formidable obstáculo que
dificultara el triunfo a su antecesor. La plaza entro en
breve en capitulaciones; y Alvear tomo posesión de ella
el 23 de Junio, con la protesta del adversario, general
Vigodet. Con todo, la gloria del triunfo, que era
importantísimo, fue proficua a las ambiciones del joven
general, que pronto ascendió a la mas alta magistratura
de la nación, reemplazando en el directorio supremo a
don Gervasio A. de Posadas, en Enero de 1815, después de
ver rechazado su nombramiento de general en jefe por el
ejercito del Alto Perú, al cual soñaba llevar
triunfante hasta Lima, por la misma ruta en que todos
nuestros generales fracasaron y comprobó imposible el
genio militar de San Martin. Su administración política
fue tan breve como fecunda en gravísimos desaciertos.
Noventa y cinco días estuvo rigiendo los destinos del
país.
El
motín de Fontezuelas, la sublevación del
ejercito en Olivos y el levantamiento de la
capital, producido en veinticuatro horas constituyeron
una formidable revolución que dio en tierra con el
gobierno del general Alvear, revelando su falta absoluta
de autoridad. Lastima que tan justificada revolución
capitulara con el caudillaje y se empequeñeciera
persiguiendo a muy meritorios servidores de la nación.
Asociado al caudillaje, volvió a Buenos Aires en son de
guerra en 1820, pretendiendo reconquistar el poder; pero
el resultado desgraciado de la lucha en San Nicolas
y en Pavón, le obligo a expatriarse nuevamente.
En 1825 desempeño una misión diplomática en Bolivia; en
1826 fue nombrado ministro de guerra por el presidente
Rivadavia, cargo que abandono para recibirse del comando
en jefe del ejercito republicano que debía operar contra
el Brasil: y como tal tuvo la fortuna de vencer
al enemigo en la, por muchos conceptos, gloriosa batalla
de Ituzaingó que, con el triunfo de
Montevideo, son los mas brillantes títulos que la
posteridad le reconoce y aplaude.
En
1829 fue ministro de guerra en transitoria
administración del general Lavalle, nacida de la
revolución del 1 de Diciembre del año anterior; y en
1838 Rosas le extendió las credenciales de ministro ante
el gobierno de Estados Unidos, donde permaneció
hasta su muerte, ocurrida en New York el 2 de
Noviembre de 1853. Sus restos fueron repatriados en el
siguiente año; y desde entonces reposan en el cementerio
del norte de la capital, a cuyas inmediaciones se
levanta su estatua ecuestre.