Juan Bautista Alberdi (1810-1884)
Nació
en la ciudad de Tucumán el 29 de Agosto de 1810. En 1825
se radico en Buenos Aires para cursar sus estudios en el
colegio de "Ciencias Morales". Iniciado por Esteban
Echeverría en el pensamiento de la "Asociación de Mayo",
fue Alberdi uno de sus principales colaboradores; y tal
vez esta circunstancia le impulsara a emigrar a
Montevideo, en 1838, aunque no se sintiera molestado por
la autoridad despótica que regia en esos momentos el
país. En esa ciudad colaboro en los principales
periódicos enemigos de Rosas y fundo "La Revista del
Plata", hasta 1843, año en el cual ante el avance del
ejercito de Oribe, vencedor en la batalla del Arroyo
Grande, se traslado a Europa, donde aumento
notablemente su ilustración jurídica. Regreso al año
siguiente, radicándose en Chile, en cuyo foro se
matriculo, ejerciendo con gran crédito, por muchos años,
su profesión de abogado y publicando muchos trabajos que
confirmaron su reputacion.
A
la caída de Rosas, en 1852, publico su reputado folleto
"Bases y puntos de partida para la organización política
de la Republica Argentina". De este trabajo ha hecho un
estudio critico el escritor Pablo Groussac (tomo 2º de
"Anales de la Biblioteca Nacional" - 1902) en que niega
rotundamente la influencia que se le atribuye en la
gestación de nuestra carta fundamental; afirmación que
corrobora la comisión redactora del proyecto, al
presentarlo a la consideración del congreso, declarando
"que esta vaciado en el molde de la constitución de los
Estados Unidos, único modelo de verdadera federación que
existe en el mundo; en tanto que Alberti en sus
Bases (1852), parágrafo II, pagina 8, rechaza esta
constitución "por ser inconveniente y peligrosa su
imitación".
En
1854 fue designado por el gobierno de la confederación
Argentina como su representante ante las cortes de
Francia e Inglaterra; y elevado en 1856, a la categoría
de ministro plenipotenciario ante las mismas y de España
e Italia, cargo que desempeño hasta 1862 y de que le
depuso el gobierno emergido a consecuencia del triunfo
de Pavón, cuya política había combatido y
contrarrestado incansablemente en Europa y Estados
Unidos. En 1857 subscribió el tratado por el cual España
reconocía nuestra independencia nacional, el que fue
desaprobado por el gobierno de la confederación, porque
en sus artículos 4º y 8º reconocía como deuda de la
argentina la antigua de estas provincias bajo la
dominación española; y atribuía esta nacionalidad a los
hijos de españoles nacidos en la Argentina, y la
Argentina a los de argentinos nacidos en España, de la
que se le hizo severo cargo porque lesionaba gravemente
el derecho e intereses de su país con esas concesiones
injustificables. Declarada la guerra al Paraguay
(1865), se puso al servicio de los intereses de ese
país, cuyo gobierno había repudiado, declarándolo de
funesto ejemplo y de ningún provecho a la causa del
progreso y cultura de su pueblo y merecedor de la
hostilidad de todos los gobiernos patriotas de América
del Sud. Ese extraño proceder le enajenó la simpatía de
gran parte de sus compatriotas y acuso una
responsabilidad cívica que no esta bien discernida
todavía. Desde 1862 no desempeño cargo publico alguno
hasta 1880, año en el que regreso al país, elegido
senador por su provincia natal. Durante la revolución de
ese año, permaneció en la ciudad sitiada con la mayoría
de los legisladores que negaron su adhesión a la
conducta del gobierno nacional; y pasado el conflicto
volvió a Europa, donde desempeño el cargo de comisario
general de inmigración, hasta poco antes de su
fallecimiento, ocurrido en Paris el 18 de Junio de 1884,
siendo sus restos repatriados en 1889.
Su
obra intelectual es tan copiosa, como variada; y ha sido
publicada en veinticuatro volúmenes que esperan, para
llenar un vacío notable en la bibliografía nacional, un
estudio critico, severo, imparcial, que de la nota
definitiva de su verdadero valor literario y científico.